Para muchos viajeros, Islantilla significa Atlántico, playa y luz. Para quien juega al golf, existe otra razón importante para mirar este rincón de la Costa de la Luz con atención: un campo de 27 hoyos, dividido en tres recorridos diferentes de nueve, que permite configurar tres vueltas distintas de 18 hoyos sin salir de Islantilla.
Islantilla Golf Resort fue diseñado por Enrique Canales y Luis Recasens e inaugurado en 1992. Es un recorrido de carácter parkland, integrado entre pinares, lagos, desniveles y el paisaje residencial de Islantilla.
Conviene aclararlo desde el principio porque ayuda a entender qué tipo de golf encontrará.
Aunque el Atlántico esté muy cerca, existan vistas abiertas hacia el mar desde determinados sectores y la brisa pueda intervenir durante la vuelta, Islantilla no es un links. Aquí la defensa del campo procede sobre todo de los árboles, los cambios de nivel, los doglegs, el agua en determinados hoyos y, especialmente, de la posición desde la que se afronta el siguiente golpe.
Tampoco es un recorrido especialmente largo según los estándares actuales. La combinación más extensa supera ligeramente los 6.100 metros desde blancas. Sin embargo, esa cifra explica bastante menos de lo que podría parecer.
En Islantilla puede resultar mucho más costoso estar en el lado equivocado de una calle que quedarse veinte metros más corto desde el tee.
Y probablemente esa sea una de las razones por las que el campo mejora cuando se juega más de una vez.

Esta guía forma parte de la web de nuestro ático en Islantilla, situado junto a la playa y a pocos minutos en coche de Islantilla Golf Resort.
Nos parece una combinación especialmente atractiva para quien quiere que el golf tenga un papel importante durante las vacaciones, pero también desea disfrutar del Atlántico, la playa y el ambiente de Islantilla fuera del campo.
Puede salir temprano para jugar 18 hoyos y regresar después a un alojamiento independiente junto al mar. Acercarse caminando a la playa, disfrutar de la piscina, preparar algo tranquilamente en casa o terminar la tarde en la terraza o en la azotea-solárium privada, recuperando el ritmo relajado de las vacaciones.
El apartamento dispone de dos dormitorios, cocina independiente, lavadora, Wi-Fi de alta velocidad y plaza de garaje cubierta, por lo que resulta especialmente práctico para dos jugadores que viajen juntos, una pareja o una estancia de varios días.
Y si quien le acompaña no juega, la ubicación permite disfrutar de Islantilla con total independencia: playa, piscina, restaurantes, paseos y ocio se encuentran al alcance de un agradable paseo, sin necesidad de que las vacaciones giren alrededor de los horarios del campo.


Los 27 hoyos están repartidos en tres vueltas de nueve, todas par 36: Azul, hoyos 1 al 9; Amarillo, hoyos 10 al 18; y Verde, hoyos 19 al 27.
De su combinación nacen tres recorridos de 18 hoyos, todos par 72: Azul + Amarillo, Amarillo + Verde y Verde + Azul.
La descripción oficial presenta el Azul como el más indicado para hándicaps bajos, el Amarillo como la alternativa de dificultad intermedia y el Verde como la vuelta más accesible.

Es una explicación útil para orientarse, pero creemos que se queda corta.
El Azul es efectivamente el recorrido más técnico y también el más físico en determinados tramos. El Amarillo tiene una secuencia de hoyos extraordinariamente peculiar y plantea numerosas decisiones estratégicas. Y el Verde, aunque produce algo más de sensación de espacio y puede resultar menos intimidante, es en realidad el más largo de los tres desde barras blancas.
Por tanto, en Islantilla dificultad y longitud no significan exactamente lo mismo.

La mejor manera de entender el campo es dejar por un momento a un lado la tarjeta.
Islantilla no pide un único tipo de golpe durante toda la vuelta. Hay calles donde el driver resulta una elección lógica y otras donde la línea de salida hace más interesante controlar distancia y posición. Los desniveles generan lies que no siempre son completamente planos y algunos doglegs consiguen que la ubicación de la bola determine la visibilidad o el ángulo hacia el green.
El agua no aparece continuamente, pero está colocada en suficientes momentos clave como para condicionar una decisión cuando entra en juego. Y el arbolado no funciona únicamente como penalización para una salida desviada: en algunos hoyos forma parte de la estrategia desde antes de golpear.
Para el pegador largo, los pares 5 ofrecen oportunidades reales. Pero también esconden una pequeña trampa conceptual. Tener distancia suficiente para alcanzar un green no significa necesariamente encontrarse en la posición adecuada para atacarlo.
Esto se aprecia particularmente en el Amarillo. Sus pares 5 no intimidan por sus metros, pero determinados árboles, ángulos y greens parcialmente escondidos hacen que la salida y el segundo golpe tengan que pensarse como parte de una misma secuencia.
Es un campo, por tanto, donde merece la pena distinguir entre avanzar la bola y construir el hoyo.
En la primera vuelta probablemente descubrirá dónde están los problemas. En una segunda empezará a decidir por qué lado quiere evitarlos. Y en una tercera puede aparecer la parte más entretenida: saber exactamente dónde no quiere volver a dejar la bola.
Tener 27 hoyos hace que repetir Islantilla resulte bastante más interesante que repetir siempre el mismo recorrido de 18.
Para un jugador experimentado, el Course Rating y el Slope explican bastante más que una descripción genérica del campo como “difícil” o “para todos los niveles”.
Las combinaciones están homologadas por la Real Federación Española de Golf:
| Recorrido | Blancas · hombres | Amarillas · hombres | Rojas · mujeres |
|---|---|---|---|
| Azul + Amarillo | 5.993 m · CR 72,3 / SR 134 | 5.438 m · CR 69,5 / SR 125 | 4.758 m · CR 70,9 / SR 122 |
| Amarillo + Verde | 6.096 m · CR 72,3 / SR 134 | 5.517 m · CR 69,5 / SR 125 | 4.821 m · CR 70,8 / SR 119 |
| Verde + Azul | 6.165 m · CR 73,0 / SR 134 | 5.681 m · CR 70,4 / SR 125 | 5.011 m · CR 72,1 / SR 126 |
La información federativa contiene además homologaciones femeninas desde amarillas y blancas y masculinas desde rojas. Una jugadora que dispute Verde + Azul desde amarillas, por ejemplo, encuentra una valoración de CR 77,3 y Slope 134.
Nos parece un dato interesante porque refuerza una idea que debería ser bastante sencilla: la barra adecuada es la que permite jugar el diseño tal como tiene sentido para su distancia y su nivel, no la que tradicionalmente se haya asociado a un determinado sexo o a una determinada imagen del jugador.
En Verde + Azul existen casi 500 metros de diferencia entre blancas y amarillas. Eso no significa simplemente uno o dos palos más en determinados golpes. Cambian las zonas de caída, los ángulos y el palo con el que se afrontan muchos greens.
Elegir correctamente el tee puede hacer el campo más exigente, pero también bastante más divertido.

El recorrido Azul suma 3.031 metros desde blancas y comienza mostrando con bastante rapidez que no pretende ser una sucesión de calles para sacar el driver y avanzar.
Es el nueve donde árboles, desniveles, agua y sensación de espacio ejercen una mayor presión sobre la salida. Algunas zonas están bastante integradas entre edificios residenciales y eso puede incluso añadir una cierta presión visual. Otras, especialmente durante los primeros hoyos, utilizan mucho mejor el relieve.
El segundo hoyo constituye una introducción bastante clara. Es un par 3 de 190 metros desde blancas, con agua formando parte evidente del golpe desde el tee. Después de apenas un hoyo de calentamiento, hay que comprometerse con la distancia y con la línea.
Más adelante aparecen pares 4 donde la longitud empieza a adquirir protagonismo. El hoyo 5 alcanza los 401 metros desde blancas, suficiente para exigir una buena salida antes de poder pensar seriamente en el green en regulación.
Pero lo que define al Azul no son únicamente sus hoyos más largos.
Es la sensación de que el control tiene más valor que la fuerza bruta.
Las opiniones de jugadores internacionales repiten esta idea con bastante consistencia. También lo describen como el nueve más físico, con más desniveles y posiciones menos planas que los otros dos.
Eso explica probablemente por qué muchos jugadores de hándicap bajo terminan considerándolo el recorrido con mayor personalidad del complejo.

El Amarillo mide 2.962 metros desde blancas, por lo que es el más corto de los tres.
Sin embargo, mirar únicamente esa cifra vuelve a resultar engañoso.
Su tarjeta tiene una distribución realmente poco habitual. Comienza:
par 5 · par 3 · par 5 · par 3 · par 5 · par 3
y termina después con tres pares 4 consecutivos.
Es decir, habrá jugado seis hoyos antes de enfrentarse al primer par 4.
La consecuencia no es simplemente una curiosidad estadística. El ritmo de la vuelta cambia.
Los pares 5 miden 497, 445 y 482 metros desde blancas. Para un jugador con buena distancia parecen oportunidades evidentes y, en determinadas condiciones, pueden serlo. Pero los tres utilizan posición, árboles, terreno o ángulos hacia el green para evitar que alcanzar la distancia necesaria equivalga automáticamente a tener un eagle putt.
El hoyo 12 —tercero de este nueve— mide solo 445 metros desde atrás. Sobre el papel invita a ser agresivo. En la práctica, la ubicación del green y el lugar desde el que llegue el segundo golpe pueden hacer que una estrategia algo más paciente sea mucho más razonable.
Y hacia el final aparece otro buen ejemplo del diseño.
El 17, un par 4 de 328 metros desde blancas, no necesita añadir cincuenta metros para complicarse. El agua protege claramente la llegada al green y convierte un hoyo corto en uno de los golpes de aproximación más recordados del campo.
El Amarillo es quizá el recorrido que mejor demuestra que una tarjeta relativamente corta puede esconder muchas más decisiones que metros.

El Verde alcanza 3.134 metros desde blancas y es, por tanto, el más largo de los tres.
Al mismo tiempo, el campo lo presenta como la vuelta más adecuada para hándicaps altos.
No existe realmente una contradicción.
En diferentes sectores las calles resultan algo más generosas, el agua interviene menos y la sensación desde el tee es menos opresiva que en parte del Azul. También suele considerarse algo más cómodo para caminar.
Eso no significa que pueda jugarse en piloto automático.
Su verdadero carácter aparece especialmente durante el final.
El hoyo 25 es un par 4 de 398 metros. El 26, un par 5 de 502 metros. Y el 27 cierra con 432 metros desde blancas y 404 desde amarillas, el par 4 más largo de todo Islantilla.
Ese último hoyo obliga a seguir trabajando hasta el final. Si el viento sopla en contra, alcanzar el green en regulación puede exigir dos golpes realmente sólidos.
El 26 resulta también especialmente interesante. El jugador con distancia puede decidir avanzar con ambición, pero los árboles próximos al green hacen que la ubicación del segundo golpe pueda terminar siendo más importante que los metros ganados.
Por eso no describiríamos el Verde como un recorrido fácil.
Preferimos decir que da algo más de aire desde el tee, pero sigue exigiendo golf.

Si únicamente dispusiéramos de una vuelta y el jugador tuviera hándicap bajo, probablemente elegiríamos Verde + Azul. Es la combinación más larga —6.165 metros desde blancas— y reúne dos retos diferentes: primero la longitud y una mayor sensación de amplitud del Verde; después, el carácter más técnico y físico del Azul.
Para una primera visita en la que se quiera comprender rápidamente la personalidad del complejo, Azul + Amarillo puede resultar todavía más interesante. El Azul introduce el desafío técnico y el Amarillo cambia por completo el ritmo con su secuencia inicial de pares 5 y pares 3.
Amarillo + Verde sería nuestra opción para quien busque una primera vuelta algo menos intimidante visualmente, sin que eso implique un recorrido corto o sin exigencia.
Pero si la estancia permite jugar tres veces, no escogeríamos.
Jugaríamos las tres combinaciones.
Ese es probablemente el mejor argumento de los 27 hoyos: poder repetir campo sin repetir exactamente la misma experiencia.
Una guía dirigida a alguien que realmente juega al golf debería explicar también lo que Islantilla no es.
No es un links y tampoco es un campo completamente aislado en mitad de la naturaleza.
Nació integrado dentro de un desarrollo turístico y residencial. En determinados hoyos, especialmente en algunos sectores del Azul y del Amarillo, las viviendas se encuentran muy presentes en el paisaje y pueden producir una sensación más estrecha de la que sugiere la anchura real de la calle.
Para algunos golfistas eso formará simplemente parte de un resort course. Para otros será un inconveniente.
Preferimos que lo sepa antes de reservar.
A cambio, el campo ofrece algo que no todos los recorridos tienen: tres nueves realmente diferenciados, cambios de nivel, suficientes decisiones estratégicas y la posibilidad de jugar varios días sin repetir la misma combinación.
También conviene separar diseño de mantenimiento.
Las opiniones independientes muestran que el estado de calles, tees y greens puede variar según la época, las condiciones meteorológicas y los trabajos realizados. Por ese motivo no utilizaremos aquí expresiones como “condiciones impecables durante todo el año”.
Si el golf es el motivo principal del viaje, nosotros contactaríamos con el campo antes de reservar para preguntar por aireaciones recientes, recebo, trabajos previstos y qué nueve estará operativo.
Es exactamente lo que haríamos con cualquier destino alrededor del cual fuéramos a organizar una semana de golf.

La cercanía del Atlántico influye, pero de una manera distinta a la de un campo completamente expuesto.
Pinares, edificios y relieve pueden proteger un hoyo y dejar mucho más abierto el siguiente. Por eso el viento que se percibe en un tee no siempre sirve para anticipar exactamente el golpe posterior.
Los pares 3 y las aproximaciones largas merecen una lectura nueva cada vez.
Agronómicamente, el campo utiliza Bermuda en los fairways y Agrostis en los greens. La Bermuda es una gramínea de estación cálida y su comportamiento cambia durante el invierno, algo conocido por cualquier jugador habitual en el sur de Europa.
También los lies inclinados tienen bastante importancia. El campo oficial habla de pendientes suaves, pero especialmente el Azul puede generar apoyos y desniveles suficientes para que el contacto y el control de trayectoria pesen más que en un recorrido completamente llano.
En resumen, Islantilla no necesita una longitud extrema para pedir un repertorio bastante completo de golpes.
La zona de entrenamiento es suficientemente amplia como para utilizarla para algo más que golpear diez bolas antes de salir.
El driving range tiene capacidad para más de 60 jugadores y se completa con dos putting greens, tres bunkers de prácticas y una zona específica de pitch.
Eso puede resultar especialmente interesante durante una estancia larga. Jugar cinco vueltas consecutivas no siempre mejora el swing. Dedicar una mañana al juego corto o a una sesión técnica puede tener bastante más sentido.

La SV Golf Academy, dirigida por Neno Smoljenovic, trabaja con jugadores de diferentes niveles y ofrece actualmente clases en español, inglés, alemán, francés y croata. Para el golfista internacional es un detalle importante, especialmente si desea integrar una clase durante sus vacaciones.
La Casa Club completa los servicios con restaurante y terraza, vestuarios, taquillas, tienda y alquiler de palos, buggies, trolleys manuales y eléctricos.

El campo puede jugarse andando, pero no es completamente plano. Un jugador acostumbrado a caminar probablemente disfrutará los 18 hoyos sin dificultad especial; para 27 hoyos, los meses de más calor o una persona con alguna limitación física, el buggy puede tener bastante sentido.
No incluimos aquí una tarifa fija de green fee porque sería una de las primeras partes de la página en quedarse obsoleta.
El campo publica precios diferentes según temporada y ofrece actualmente opciones para 9 y 18 hoyos, además de tarifas twilight.
Sin embargo, hay una pregunta más importante que el precio cuando se reserva Islantilla:
¿qué dos recorridos de nueve formarán los 18 hoyos ese día?
Si piensa jugar varias veces durante la estancia, merece la pena comprobarlo antes de confirmar cada tee time. De ese modo puede evitar repetir accidentalmente la misma combinación y organizar Azul, Amarillo y Verde con algo de lógica.
También reservaríamos previamente el buggy, trolley o set de alquiler cuando fueran necesarios y, si el viaje gira principalmente alrededor del golf, consultaríamos el calendario de mantenimiento.
Con 27 hoyos, un cierre temporal de nueve no significa necesariamente quedarse sin jugar, pero sí puede modificar considerablemente la vuelta prevista.
Islantilla no fue concebido únicamente como un campo de vacaciones.
Apenas tres años después de su inauguración, entre el 2 y el 5 de marzo de 1995, acogió el Turespaña Masters Open de Andalucía del European Tour.
El torneo lo ganó Alex Čejka y convirtió a Islantilla en el único campo de la provincia de Huelva que ha albergado una prueba de aquel circuito.
En el año 2000, Golf Digest lo incluyó además entre sus cien mejores campos de Europa. Es un reconocimiento histórico interesante, aunque creemos que tiene más sentido entenderlo como parte de la trayectoria del campo que utilizar un ranking de hace más de dos décadas para describir su situación actual.
Más significativo resulta que el golf profesional haya regresado.
En 2025 se celebró la primera edición del Islantilla Open, integrado en el LET Access Series, circuito de desarrollo del Ladies European Tour. Reunió a 126 jugadoras y contó con 100.000 euros en premios, la mayor bolsa del circuito en aquel momento.
La mexicana Fernanda Lira ganó con ocho bajo par y seis golpes de ventaja.
La Real Federación Española de Golf volvió a incluir una nueva edición del Islantilla Open en su calendario de 2026.
Tres décadas separan a Čejka de aquel nuevo torneo femenino profesional.
Y esa continuidad nos parece bastante más interesante que cualquier eslogan: el campo sigue teniendo una relación real con el golf de competición.
Islantilla puede gustar especialmente a quien disfruta pensando la salida, utilizando varios palos desde el tee y aceptando que el golpe más largo no siempre es el que deja la mejor oportunidad.
También tiene mucho sentido para el jugador que permanece varios días. Los 27 hoyos permiten cambiar la combinación y conocer gradualmente el recorrido de una manera que un campo tradicional de 18 no puede ofrecer.
Y puede encajar especialmente bien con parejas o grupos donde no todo el mundo quiera jugar todos los días, porque el golf no está aislado del resto del destino.
Ahora bien, existen campos cercanos que pueden responder mejor a preferencias concretas.
Si busca un recorrido prácticamente sin urbanizaciones a su alrededor, El Rompido ofrece una inmersión mayor en pinares y marismas. Si quiere un golf claramente más abierto, expuesto al viento y próximo al concepto tradicional de links, Isla Canela Links representa un contraste excelente. Y si una de las prioridades del viaje es jugar un diseño de Severiano Ballesteros, merece la pena cruzar a Portugal para conocer Quinta do Vale.
No creemos que reconocer esas diferencias perjudique a Islantilla.
Al contrario: ayuda a saber por qué elegirlo.
Aquí aparece uno de los argumentos más interesantes para un golfista que viaja varios días.
Islantilla no tiene únicamente 27 hoyos propios. Su posición permite acceder a una concentración bastante excepcional de campos diferentes entre la Costa de la Luz y el Algarve oriental.
Golf El Rompido añade dos campos de 18 hoyos diseñados por Álvaro Arana, integrados entre pinares, naranjos y las marismas del río Piedras, sin desarrollos residenciales alrededor de los recorridos.
Muy cerca se encuentra también Golf Nuevo Portil, un par 71 diseñado por Alfonso Vidaor, de 6.040 metros, que atraviesa un gran pinar próximo a las Marismas del Piedras y la Flecha de El Rompido. Sus calles relativamente amplias y su relieve suave ofrecen otra experiencia distinta y agradable para caminar.
Hacia la frontera, Isla Canela aporta otros 36 hoyos. Su Old Course y, sobre todo, Isla Canela Links permiten cambiar radicalmente de registro. Este último está situado junto al Guadiana, es reconocido por la propia RFEG como un auténtico links y utiliza amplitud, bunkers y viento como elementos importantes de defensa. En 2026 acogió además el Challenge de España del HotelPlanner Tour.
Al otro lado del río aparece Quinta do Vale, diseñado por Severiano Ballesteros y construido alrededor de una configuración muy propia de Seve: seis pares 3, seis pares 4 y seis pares 5.
Y muy cerca, Castro Marim Golfe & Country Club suma otros tres recorridos de nueve hoyos en un terreno más abierto y ondulado, con vistas hacia el Guadiana y el Algarve oriental.
Contando únicamente estos campos y Islantilla, se superan los 160 hoyos disponibles dentro de un corredor relativamente compacto.
No creemos que haya que jugarlos todos.
El verdadero atractivo consiste precisamente en no tener que hacerlo.
Esta concentración de golf adquiere todavía más interés cuando se contempla desde fuera de España.
El Aeropuerto de Faro se encuentra aproximadamente a una hora en coche de Islantilla y el Aeropuerto de Sevilla a alrededor de una hora y media, según las condiciones de tráfico.
Para muchos viajeros británicos, irlandeses, alemanes, neerlandeses, franceses o escandinavos, Faro puede resultar una puerta de entrada especialmente práctica. Y existe una curiosidad logística importante si se combina golf español y portugués: Portugal continental tiene una hora menos que España peninsular.
Un tee time de las 10:00 en Quinta do Vale o Castro Marim son las diez de la mañana portuguesas.
Parece obvio.
Hasta el día en que se olvida.
Para más información sobre desplazamientos y lugares que visitar al otro lado de la frontera puede consultar también nuestra guía Descubrir el Algarve.
Si permaneciéramos una semana y quisiéramos jugar cuatro o cinco vueltas, no intentaríamos utilizar un campo distinto cada día.
Empezaríamos por Azul + Amarillo.
No porque sea necesariamente la única combinación correcta, sino porque permite descubrir rápidamente la parte más técnica de Islantilla y después experimentar el extraño y entretenido ritmo del Amarillo.
La segunda jornada de golf podría llevarnos a El Rompido o Nuevo Portil. El cambio de paisaje ayudaría además a distinguir qué características pertenecen realmente a Islantilla.
Después dejaríamos descansar los palos.
Una mañana de playa, piscina, una excursión por Huelva o una escapada al Algarve aportan bastante más a unas vacaciones que intentar encadenar siete tarjetas simplemente porque se puede.
Cuando regresáramos a Islantilla jugaríamos Verde + Azul.
Y aquí aparecería algo que nos gusta especialmente de repetir campo.
Los últimos nueve ya serían conocidos.
En vez de dedicar la energía a descubrir dónde termina cada hoyo, podríamos empezar a pensar en qué línea utilizar desde el tee y qué error queremos evitar.
Reservaríamos otra jornada para cruzar la frontera, eligiendo Quinta do Vale o Castro Marim, y dejaríamos la última vuelta abierta.
Quizá Isla Canela Links.
Quizá el otro campo de El Rompido.
Quizá Islantilla otra vez.
Volver a un recorrido que ha gustado puede ser bastante más satisfactorio que añadir otro nombre simplemente para completar una lista.
Uno de los grandes argumentos de Andalucía como destino de golf es precisamente su capacidad para extender la temporada mucho más allá del verano. Turismo de Islantilla cifra el destino en más de 3.000 horas de sol anuales, y el golf forma parte de su oferta durante todo el año.
Para nosotros, primavera y otoño ofrecen probablemente el equilibrio más agradable: temperaturas moderadas, bastantes horas de luz y la posibilidad de combinar la vuelta con playa, gastronomía o excursiones.
El invierno tiene un atractivo especial para el mercado del norte de Europa. Mientras muchos campos británicos, irlandeses, neerlandeses, alemanes o escandinavos atraviesan sus meses más difíciles, la Costa de la Luz puede ofrecer jornadas considerablemente más amables.
Hay que recordar, sin embargo, la naturaleza de la Bermuda. En los meses fríos su color, densidad y comportamiento pueden variar.
En verano también se juega, pero elegiríamos claramente salidas tempranas. Añadir el calor de una tarde de julio o agosto al recorrido no mejora ninguna tarjeta.
Y en cualquier estación, si el motivo principal del viaje es el golf, comprobaríamos antes el estado del campo y el calendario de mantenimiento.
Dispone de 27 hoyos, repartidos en tres recorridos de nueve: Azul, Amarillo y Verde. Se combinan para formar tres recorridos diferentes de 18 hoyos, todos par 72.
El Azul suele considerarse el más técnico y el campo lo recomienda especialmente a jugadores de hándicap bajo. El Verde, en cambio, es el más largo. Por eso en Islantilla dificultad y longitud no son exactamente la misma cosa.
Para descubrir la personalidad del campo, Azul + Amarillo resulta especialmente interesante. Para un jugador de hándicap bajo que busque el test más completo, Verde + Azul suma 6.165 metros desde blancas y combina longitud y exigencia técnica.
Desde blancas masculinas, las tres combinaciones tienen actualmente Slope 134. Las valoraciones cambian según tee y categoría; la RFEG mantiene homologaciones completas desde diferentes barras.
No. Es un parkland, con árboles, lagos, desniveles y sectores integrados dentro del desarrollo residencial de Islantilla. Si busca un links propiamente dicho, Isla Canela Links ofrece esa experiencia a poca distancia.
Sí. El campo es caminable, aunque presenta desniveles y el Azul puede resultar más físico. Buggies y trolleys manuales y eléctricos están disponibles para alquiler.
Sí. El complejo dispone de un driving range para más de 60 jugadores, dos putting greens, tres bunkers de prácticas y zona de pitch.
Sí. La academia ofrece actualmente enseñanza en español, inglés, alemán, francés y croata.
Sí. El campo ofrece alquiler de palos, además de buggies y diferentes tipos de trolley.
Los green fees varían según temporada, promociones y modalidad de reserva. Hay tarifas para nueve y dieciocho hoyos y opciones twilight, por lo que recomendamos consultar directamente el precio vigente al reservar el tee time.
Sí. El Rompido, Nuevo Portil, Isla Canela Old Course, Isla Canela Links, Quinta do Vale y Castro Marim permiten construir una verdadera estancia de golf entre Huelva y el Algarve sin realizar grandes desplazamientos.
Hay destinos donde el golf ocupa todo el viaje.
Y otros donde puede convertirse en una parte extraordinaria de algo más amplio.
Creemos que Islantilla pertenece al segundo grupo.
Puede venir atraído por sus 27 hoyos, descubrir el carácter del Azul, dejarse tentar por los pares 5 del Amarillo y comprobar después que el supuesto recorrido más accesible termina pidiéndole dos buenos golpes en un par 4 de 432 metros.
Puede regresar otro día y jugar esos mismos hoyos de una manera completamente diferente.
Después puede cambiar los pinares por las marismas de El Rompido, probar un links junto al Guadiana o cruzar la frontera para jugar un diseño de Severiano Ballesteros.
Pero cuando termina la vuelta, las vacaciones continúan.
Puede regresar a nuestro ático en Islantilla, dejar los palos, acercarse al Atlántico, salir a cenar o sentarse tranquilamente en la terraza.
Y quizá, mientras cae la tarde, volver a pensar en aquella salida que mañana esta vez no piensa jugar con driver.
Para nosotros, esa combinación es precisamente lo que puede hacer especial una estancia de golf aquí:
tener suficientes campos para organizar un verdadero viaje de golf y suficientes razones para disfrutar también cuando los palos se quedan en casa.
